Brujas
La experiencia nos demuestra que una rama es débil y fácil de quebrar,
pero cuando se une a muchas otras ramas se establece un vínculo,
una resistencia de grupo que hace más difícil su rotura.
Imaginen lo que pasa si reemplazamos la rama con un fierro. Ahora imaginen brujas..
La FUERZA de la hermandad es tal que late, y se siente latir.
Y late tan fuerte que hace vibrar todo a su alrededor,
hace que todo quiera vibrar a esa frecuencia.
Los pelos vibran, los cuerpos vibran, los corazones vibran.
La tierra vibra y los árboles vibran. Y parecen inclinarse ante ellas,
como reconociendo su majestuosidad,
como diciendo “pucha che, la pacha si que sabe”.
Y las ramas con sus hojas también vibran, y se hacen más verdes.
Y se hacen más fuertes. Y vibra el aire, vibra porque también están latentes,
presentes, las que no fueron, las que no pudieron, las que no llegaron, a las
que no dejaron llegar.
Y la tribu de brujas vibra, baila, canta en un ritual místico y hermoso que
potencia la vibración, que amplifica la música.
El día se diluye. Está por caer. Se va a caer -quizás haya una señal, un
paralelismo ahí- y la marea sube, la marea crece, como invocando a la luna,
como llamándola. Lejos de aplacarlas, la noche les llena, la misma luna que
invocan les da fuerza.
Bajo esa luna el mundo está cambiando.
La música está sonando, está vibrando, está haciendo que el mundo vibre, y
que vibre mejor, que vibre más justo.
Tiene un nombre: feminismo.
Gracias brujas.
Sam L'Curca
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